La sociedad de consumo

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El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.

El desarrollo económico y político actual se caracteriza, según el último informe del Worldwatch, más que por la victoria del capitalismo sobre el comunismo, por el consumismo. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.

El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos. El consumo y el crecimiento económico sin fin es el paradigma de la nueva religión, donde el aumento del consumo es una forma de vida necesaria para mantener la actividad económica y el empleo.

El consumo de bienes y servicios, por supuesto, es imprescindible para satisfacer las necesidades humanas, pero cuando se supera cierto umbral, que se sitúa en torno a los 7.000 euros anuales por persona, se transforma en consumismo.

1.700 millones de consumidores, 2.800 millones de pobres

En el mundo la sociedad de consumo la integran 1.728 millones de personas, el 28% de la población mundial: 242 millones viven en Estados Unidos (el 84% de su población), 349 millones en Europa Occidental (el 89% de la población), 120 millones en Japón (95%), 240 millones en China (apenas el 19% de su población), 122 millones en India (12%), 61 millones en Rusia (43%), 58 millones en Brasil (33%) y sólo 34 millones en el África subsahariana (el 5% de la población). En total en los países industrializados viven 816 millones de consumidores (el 80% de la población) y 912 millones en los países en desarrollo (sólo el 17% de la población del Tercer mundo).

Mientras los 1.700 millones de consumidores gastan diariamente más de 20 euros, hay 2.800 millones de personas que tienen que vivir con menos de 2 euros diarios (lo mínimo para satisfacer las necesidades más básicas) y 1.200 millones de personas viven con menos de 1 euro diario en la extrema pobreza. Mientras el estadounidense medio consume cada año 331 kilos de papel, en India usan 4 kilos y en gran parte de África menos de 1 kilo. El 15% de la población de los países industrializados consume el 61% del aluminio, el 60% del plomo, el 59% del cobre y el 49% del acero. Cifras similares podrían repetirse para todo tipo de bienes y servicios.

Consumismo y pobreza conviven en un mundo desigual, en el que no hay voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan. La clase de los consumidores comparte un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, donde los grandes supermercados y centros comerciales son las nuevas catedrales de la modernidad.

Si los hábitos de consumo de los 1.700 millones de consumidores se extendiesen a toda la población mundial (6.300 millones de personas), la situación sería completamente insostenible, a causa del consumo de agua, energía, madera, minerales, suelo y otros recursos, y la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la deforestación y el cambio climático. Entre 1950 y 2002 el consumo de agua se ha triplicado, el de combustibles fósiles se ha quintuplicado, el de carne creció un 550%, las emisiones de dióxido de carbono han aumentado un 400%, el PIB mundial aumentó un 716%, el comercio mundial creció un 1.568%, el gasto mundial en publicidad creció un 965%, el número de turistas que salieron de sus fronteras creció un 2.860%, el número de automóviles pasó de 53 millones en 1950 a 565 millones en 2002 y el consumo de papel creció un 423% entre 1961 y 2002. Las importantes ganancias en eficiencia se ven rápidamente absorbidas por el aumento del consumo. Las viviendas son cada vez mayores y los automóviles cada vez más potentes.

Pero la solución no puede ser un nuevo apartheid, que limite el consumo a esa minoría del 28% de la población mundial. La población crece, pero cada vez menos, y probablemente se estabilizará en las próximas décadas en unos 9.000 millones, como ya ha sucedido en la mayoría de los países industrializados. Pero el consumo sigue creciendo, y las necesidades, como demuestra cualquier manual de economía, son infinitas.

¿Cuánto consumo es suficiente? El consumo, a partir de cierto umbral (13.000 euros anuales por persona, según las encuestas), no da la felicidad. El consumidor trabaja demasiadas horas para pagar el consumo compulsivo, y el poco ocio lo pasa en el automóvil (el estadounidense emplea 72 minutos detrás del volante) o delante del televisor (más 240 minutos diarios de promedio en las sociedades actuales). Cada vez se ve más atrapado en una espiral de consumo, endeudamiento para consumir y trabajar para pagar un endeudamiento mayor. El consumo se hace a costa de hipotecar el futuro, como en el auge del ladrillo en la España actual.

Hoy es necesario un nuevo paradigma basado en la sostenibilidad, lo que supone satisfacer todas las necesidades básicas de todas las personas, y controlar el consumo antes de que éste nos controle. Entre las medidas más inmediatas hay que eliminar las subvenciones que perjudican el medio ambiente (850.000 millones de dólares anuales que incentivan el consumo de agua, energía, plaguicidas, pescado, productos forestales y el uso del automóvil), realizar una profunda reforma ecológica de la fiscalidad, introducir criterios ecológicos y sociales en todas las compras de bienes y servicios de las administraciones públicas, nuevas normas y leyes encaminadas a promover la durabilidad, la reparación y la “actualización” de los productos en lugar de la obsolescencia programada, programas de etiquetado y promoción del consumo justo. Y todo ello dentro de una estrategia de “desmaterialización” de la economía, encaminada a satisfacer las necesidades sin socavar los pilares de nuestra existencia.

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Alimentos procesados ¿qué contienen?

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Son muchos los alimentos procesados de gran popularidad entre la población los que suelen ser vendidos con un aporte nutritivo perfecto para nuestra dieta.
Sin embargo, la forma de prepararlos, en realidad, dista mucho de aquella que nos podemos imaginar. No tienes más que echar un vistazo a estos diez.

Palitos de cangrejo
Este exquisito alimento, que da sabor a nuestros guisos y ensaladas, no está hecho en realidad de cangrejo. Está compuesto por surimi, que no es otra cosa que un picadillo de “músculo de carne de pescado blanco”.
Para obtenerlo, se lavan y se mezclan diversos pescados repetidas veces (merluza, caballa, abadejo…). Después los enfrían y calienta repetidas veces, hasta que al final queda una pasta blanca a la que se le añaden conservantes, almidón, sal y otros edulcorantes no naturales. Esta pasta es congelada después y se le añaden colorantes para que el exterior quede rosado.

Gulas
Al igual que los palitos de cangrejo, están hechas de surimi, aunque no contienen tantos aditivos como estos. A la mezcla final se le añaden aceites vegetales, harina de trigo, soja, clara de huevo, tinta de calamar o de sepia y extractos de almeja. Aunque es completamente artificial, es bastante saludable por su gran contenido en proteínas y bajo nivel de colesterol y grasa.

Paté
Creemos que todos están hechos hígado de pato, pero la realidad no es esa, ni mucho menos. El paté se obtiene de una mezcla de vísceras animales (vaca, cerdo, pollo…) a la que se añaden harina, especias, leche y conservantes. A la mezcla se le añade un sólo poco de hígado para darle sabor.
El foie gras, sin embargo, está hecho íntegramente de hígado de pato, oca o ganso, a los que se alimenta de forma abusiva para hacerles engordar el hígado mucho más de lo habitual.

Quesos de untar
Estos alimentos son una bomba calórica para el cuerpo, y aumentan el colesterol y la hipertensión por su gran cantidad de sal. Están hechos a base de lácteos fermentados a los que se les añade leche, nata y una serie de aditivos y sal, a los que se les añade potenciadores de sabor.

Queso en lonchas
Son alimentos muy procesados que además se utilizan en exceso para platos de comida rápida y sándwiches. Contienen mucha sal y aditivos. Se elaboran a base de lácteos fermentados (a veces no procesados) y de queso, junto con colorantes artificiales que le dan ese aspecto amarillento de loncha americana.

Salchichas
Se realizan con una mezcla de carnes para nada apetecibles. Se utilizan partes del cuerpo de restos de animales, desde el cerdo a la gallina. Pueden añadir el estómago y el hocico del cerdo, además del labio e hígado de la vaca, o el bazo del cordero, por lo qeu la cantidad de carne que tienen en realidad es muy baja. También se les añaden una gran cantidad de potenciadores de sabor, colorantes, mucha sal y agua fluorada para darles su textura cremosa. El almidón, jarabe de maíz, colorante rojo, sodio y polifosfatos dan como resultado una mezcla realmente asquerosa.

Gelatina
Este alimento, tan querido por los niños es realmente saludable, aunque el polvito al que se le añade agua para después convertirse en lo que comemos, se obtiene a partir de una mezcla de colágeno de tejido de animales (piel o huesos triturados de cualquier parte del cuerpo), que se lavan con productos ácidos hasta que queda como resultado la oseína, una sustancia que debe mantenerse en cal entre unas 4 y 10 semanas.

Morcilla
Su componente mayoritario es la sangre del cerdo sin coagular. Primero se lavan las tripas del animal con jabón y limón para que no quede ningún olor desagradable y después de rellenan con la sangre, sal, azúcar, cebolla, ajo o arroz. Las tripas del cerdo y se hierven añadiendo en muchas ocasiones huesos de su cabeza.

Helados
Los más cremosos obtienen su textura de un aditivo llamado carragenina, extraído de algas marinas y del que se desconoce si es peligroso o no para la salud. Hielo, frutas, leche, cremas, yemas y aceites y grandes cantidades de azúcar y aditivos y colorantes, completan su receta.

Patatas Pringles

En 2008, el Tribunal Supremo de Gran Bretaña dictaminó que no eran patatas fritas, ya que contenían menos de un 50% de este alimento. Lo que más contienen son harinas, puesto que son fabricadas a partir de una masa que también contiene colorantes, aditivos, grandes cantidades de sal y aromas.

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Lecturas veraniegas 2017

Mi género literario favorito siempre ha sido la novela negra/thriller/suspense. 

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Stevia, el único edulcorante 100% natural 


La estevia (Stevia rebaudiana) es una planta nativa de Paraguay que se utiliza como sustituto del azúcar. Aunque no fue hasta el siglo XIX cuando los científicos comenzaron a investigar más detalladamente la estevia, los indígenas de Paraguay ya empleaban esta planta en el siglo XVI para endulzar bebidas y medicinas. Actualmente se cultiva en Brasil y Paraguay y China es el principal exportador de productos de estevia.Este edulcorante es aún más dulce que el propio azúcar: el extracto de stevia puede llegar a ser hasta 300 veces más dulce que el azúcar de mesa. Además no tiene calorías. Sin embargo, esto no significa que el mero hecho de cambiar azúcar por stevia nos haga perder peso de forma milagrosa. La estevia es simplemente una alternativa al azúcar.

La estevia y otros edulcorantes artificiales aprobados para su consumo no parecen presentar ningún riesgo para la salud cuando se usan con moderación.
Su cultivo es interesante porque requiere muy poca cantidad de tierra para ser cultivada, permitiendo a los agricultores diversificar sus cultivos.
Como la estevia es increíblemente dulce, por lo general requiere apenas una quinta parte de la tierra y mucha menos agua para proporcionar la misma cantidad de dulzura que otros edulcorantes que podemos encontrar en el mercado.
¿Por qué es tan dulce? Debido a que la planta cuenta con ocho glucósidos: esteviósido, rebaudiosido A, C, D, E y F, esteviolbiosido y dulcosida A. El esteviósido es el extracto más abundante de todos, pues algunas hojas de ciertos cultivos de stevia contienen hasta un 18% de esteviósido.

El extracto de estevia tiene cero calorías, como hemos comentado. Los edulcorantes de mesa basados en Stevia pueden tener cero o calorías mínimas por porción, dependiendo de los otros ingredientes alimenticios con los que se haya combinado.

Como curiosidad, Estados Unidos prohibió este edulcorante natural en la década de 1990 salvo que estuviera etiquetado como un suplemento dietético; sin embargo, desde 2008 ya han sido aceptados diversos extractos de glucósido al haber sido aceptados como complemento seguro como aditivo alimentario. En la Unión Europa, la estevia está disponible para su consumo desde el 2 de diciembre de 2011.

No se han documentado contraindicaciones, advertencias o reacciones adversas importantes.

En algunos países, los extractos crudos de stevia o las hojas enteras de plantas de stevia se venden a menudo como suplementos dietéticos, pero es importante recalcar que sóoo el extracto de hoja de estevia de alta pureza ha sido evaluado y aprobado para su consumo como ingrediente en alimentos y bebidas en todo el mundo.

A continuación, echamos un vistazo a los posibles beneficios para la salud de la stevia.

Diabetes

Un estudio publicado en Science Direct demostró que los edulcorantes de stevia no aportaban calorías o carbohidratos a la dieta y no afectaban a los niveles de glucosa en sangre o a la respuesta a la insulina, lo que permite a las personas con diabetes consuman una mayor variedad de alimentos. Además, un documento sobre los edulcorantes nutritivos y no nutritivos de la Academy of Nutrition and Dietetics examinó cinco ensayos aleatorios controlados acerca de los efectos de la stevia en comparación con los placebos en los resultados metabólicos, concluyendo que su efecto era mínimo sobre los niveles de glucosa en sangre, niveles de insulina, hipertensión y peso corporal.

Control de peso

Las causas del sobrepeso y la obesidad son multifactoriales, esto es, que se deben a una gran abanico de posibilidades, entre ellas, la inactividad física, el sedentarismo prolongado y una mayor ingesta de alimentos ricos en grasa y azúcares añadidos. La medicina ha demostrado que la ingesta de azúcares añadidos aporta un promedio de un 16% del total de calorías en la dieta y se ha relacionado con el aumento de peso y efectos adversos sobre el control glucémico. Por ello, la estevia, que es un producto hecho a base de plantas, sin calorías, puede formar parte de una dieta bien equilibrada para ayudar a reducir la ingesta calorías sin necesidad de sacrificar el sabor.

Metabolismo

Los glucósidos de esteviol pasan a través del tracto gastrointestinal superior completamente intactos. Una vez que llegan al colon, las bacterias intestinales los convierten en esteviol y este este es entonces metabolizado por el hígado antes de ser excretado en la orina. Diversos estudios han demostrado que no se produce acumulación de estevia (o cualquier subproducto de estevia) en el cuerpo durante el metabolismo.

Cáncer de páncreas

La estevia tiene muchos esteroles (una sustancia química como el colesterol pero de origen vegetal) y compuestos antioxidantes como el kaempferol, la quercetina, el ácido clorogénico, el ácido cafeico, la isoquercitrina o el isosteviol. Los estudios, como el publicado en la revista American Journal of Epidemiology (Flavonols and Pancreatic Cancer Risk: The Multiethnic Cohort Study) han descubierto que el kaempferol puede reducir el riesgo de cáncer pancreático en un 23%.

Presión arterial

Ciertos glucósidos del extracto de stevia dilatan los vasos sanguíneos, aumentan la excreción de sodio y la producción de orina. En dosis más altas, la stevia podría potencialmente ayudar a bajar la presión arterial. La ingesta de estevia puede normalizar, por tanto, la presión sanguínea y regular los latidos del corazón.

Para los niños

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (ONU), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Food and Drug Administration (FDA) han determinado que el extracto de estevia de alta pureza es seguro para el consumo de toda la población, incluidos los niños, cuando se consumen dentro de los niveles recomendados.

Los alimentos y bebidas que contienen estevia pueden desempeñar un papel importante en la disminución de calorías en la dieta de los más pequeños. Actualmente existen miles de productos que contienen estevia de origen natural en el mercado, que permiten a los niños a consumir alimentos y bebidas con sabor dulce pero sin calorías añadidas.

Alergias

En 2010, el Comité Europeo de Seguridad Alimentaria (EFSA) revisó la literatura disponible acerca de la estevia con objeto de determinar si había alguna causa de preocupación con respecto al potencial de reacción alérgica hacia la planta de estevia. Las conclusiones del trabajo exponían que “los glucósidos de esteviol no son reactivos y no se metabolizan a compuestos reactivos, por lo tanto, es poco probable que los glucosidos de esteviol bajo evaluación causen por sí mismos reacciones alérgicas cuando se consumen en los alimentos”

Apta para todos

Las agencias reguladoras de la salud de todo el mundo han aprobado los extractos de hojas de estevia de alta pureza como consumo completamente seguro. Esto incluye poblaciones especiales como mujeres embarazadas y lactantes, niños y personas con alergias o diabetes.

En España la podéis comprar en la mayoría de los grandes supermercados, personalmente yo la he comprado en Mercadona y AhorraMás.

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La crisis de la democracia en el neoliberalismo

Un elemento que se ha globalizado rápidamente ha sido el de la crisis de la democracia. En Europa, que se enorgullecía de sus sistemas políticos, las políticas de austeridad han promovido la generalizada deslegitimación de esos sistemas, centrados en dos grandes partidos. Cuando ambos asumieron esas políticas económicas anti-sociales, han entrado en crisis acelerada, perdiendo votos, intensificando el desinterés político por las elecciones, dado que esos dos partidos promueven políticas similares. Han empezado a surgir alternativas –en la extrema derecha y en la misma izquierda- que ponen en shock a esos sistemas: por la derecha de forma autoritaria, por la izquierda buscando el ensanchamiento y la renovación de las democracias.

 

Hasta que la crisis de las democracias dio un salto con el Brexit y con la elección de Donald Trump en los EEUU. En Gran Bretaña, los dos partidos tradicionales fueron derrotados en una decisión crucial para el futuro del país y de la misma Europa, con la decisión mayoritaria de salida de la Unión Europea. Lo cual refleja cómo esos dos partidos no han sabido entender el malestar de gran parte de la población –incluso de amplios sectores de la misma clase trabajadora- respecto a los efectos negativos de la globalización neoliberal. Los trabajadores, electores tradicionales del Partido Laborista, concentraron su voto por el Brexit, en contra de la decisión de ese partido y terminaron decidiendo la votación.

 

En EEUU la victoria de un candidato outsider, que, para ganar, no solo enfrentó al Partido Demócrata sino también a los grandes medios, a la dirección de su propio partido, a los formadores de opinión. El triunfo de Trump representó una derrota para los dos partidos como expresiones de la voluntad organizada de los norteamericanos.

 

Por todas partes la democracia tradicional hace agua. Los partidos tradicionales pierden aceleradamente apoyos, las personas se interesan cada vez menos por la política, votan cada vez menos, los sistemas políticos entran en crisis, ya no representan a la sociedad. Es la democracia liberal, que siempre se autodefinió como “la democracia”, la que entra en crisis, bajo el impacto de la pérdida de legitimidad de gobiernos que han asumido los proyectos antisociales del neoliberalismo y de la misma política, corrompida por el poder del dinero, que en el neoliberalismo invade a toda la sociedad, incluso a la misma política.

 

En América Latina, dos países que habían fortalecido sus sistemas políticos, mediante gobiernos y liderazgos con legitimidad popular, como Argentina y Brasil, han retrocedido hacia gobiernos que pierden –o nunca han tenido– apoyo popular. El mismo sistema político sufre con gobiernos que han hecho promesas o han sido elegidos con programas distintos a los que ponen en práctica. El programa neoliberal de ajustes fiscales profundiza la crisis de legitimidad de los gobiernos y de los mismos sistemas políticos.

 

La concepción que preside al neoliberalismo, que busca transformar todo en mercancía, llegó de lleno a la política, con sus financiamientos privados, con campañas adecuadas a servicios de marketing, con millonarias actividades que hacen de las campañas un despliegue de piezas publicitarias casi al estilo de cualquier otra mercancía. Por otra parte, gobiernos copados de ejecutivos privados los hacen cada vez más parecidos a empresas, por el personal y por la concepción que preside a gobiernos con mentalidad de mercado.

 

La era neoliberal es así la era del agotamiento del sistema de las democracias liberales. Los agentes que le daban legitimidad – parlamentos con representación popular, partidos con definiciones ideológicas, sindicatos y centrales sindicales fuertes, dirigentes políticos representantes de distintos proyectos políticos, medios de comunicación como espacio relativamente diversificado de debates – se han vaciado, dejando al sistema político y a los gobiernos suspendidos en el aire. El desprestigio de la política es la consecuencia inmediata del Estado mínimo y de la centralidad del mercado.

 

La crisis de las democracias se ha vuelto uno de los temas que se extienden de los EEUU a la América Latina, pasando por Europa y por Asia. Ya no se trata de reivindicar un sistema que se ha agotado, sino de construir formas alternativas de Estado, de sistemas políticos y de representación política de todas las fuerzas sociales.

 

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

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Hackers, ¿héroes o villanos?


En un mundo interconectado, los informáticos son los responsables de que la vida ciudadana funcione.

Una pequeña acción de un joven hacker de 22 años –Marcus Hutchins– logró contener parte del WannaCry, el ransomware que el pasado viernes 12 secuestró ordenadores en 150 países, ocasionando unos costes que algunos analistas estiman en más de 3.500 millones de euros.

Su oportuna intervención ha intensificado el debate sobre el protagonismo que los informáticos están adquiriendo en la sociedad actual, para bien y para mal. Los cazarrecompensas de errores y vulnerabilidades informáticas se han convertido en los últimos años en la tabla de salvación de muchas empresas, y no hay gran corporación o banco que no disponga de un grupo de hackers colaboradores dispuestos a sumarse a sus filas en caso de un incidente de seguridad. Y lo sucedido ese viernes en una decena de hospitales británicos –donde el secuestro de los ordenadores obligó a paralizar operaciones quirúrgicas en marcha y a enviar a otros centros a los pacientes, incluidos los de urgencias– da idea de que en la sociedad hiperconectada el funcionamiento de la vida cotidiana e incluso la vida de las personas puede estar en manos de estos profesionales. ¿Son los hackers los héroes del siglo XXI?
“No nos corresponde a los implicados juzgarlo, pero lo que sí está claro –y puso de manifiesto el ciberataque del WannaCry– es que no hay sistema seguro al cien por cien y, en una sociedad donde todo está conectado y todo el mundo es vulnerable, los hackers no sólo somos responsables de asegurar los equipos informáticos sino de asegurar a toda la sociedad conectada”, responde Carlos García, experto en seguridad ofensiva y pruebas de intrusión que ahora trabaja en el equipo de hacking para Europa de la multinacional Accenture.

El director del Centro Nacional de Excelencia en Ciberseguridad (CNEC), Enrique Ávila, coincide en que vivimos en una sociedad hipertecnologizada donde tecnología no es sólo el móvil o el ordenador, sino el internet de las cosas o la domótica. Y la luz, el agua, el transporte o los alimentos que consumimos dependen hoy de que esa tecnología funcione. “La comunidad hacker es poderosa y están adoptando el papel de héroes, pero no es fácil dirimir qué hay de héroes o de villanos, depende de cada actor, porque hacen cosas buenas y malas; la figura romántica del joven apasionado de la informática que penetra en un sistema tratando de mejorarlo ya no sirve, porque hoy todo está interconectado y quizá entre en un programa buscando un error y eso acabe afectado a una central nuclear o a la cloración de unas reservas de agua”, opina Ávila. Por eso es contrario a que los hackers pongan a prueba sistemas sin la autorización de sus propietarios “por buenas o éticas que sean sus intenciones”.
Lo cierto es que los ataques a equipos y programas en busca de vulnerabilidades que luego se comunican al afectado suscitan controversia incluso entre los hackers. María José Montes, auditora de seguridad y miembro de la directiva de la Asociación Nacional de Profesionales del Hacking Ético (Anphacket) –en la que participan informáticos, abogados y miembros de los cuerpos de seguridad del Estado– cree que la sociedad necesita diferenciar al hacker del ciberdelincuente. Asegura que el hacker nunca va por libre, investiga en busca de problemas para solucionarlos, con el permiso de la empresa cliente y, si en el curso de esa investigación detecta alguna otra vulnerabilidad, la comunica al afectado sin entrar ni hacer daño. “Quien ataca sistemas sin permiso o para hacer daño no es un hacker, es un ciberdelincuente”, enfatiza.

Carlos García relata que “hay gente curiosa que ha encontrado fallos de seguridad y cuando lo ha reportado a la empresa se ha visto inmerso en problemas legales; por eso, tras debatirlo en varias conferencias de seguridad, la recomendación es que si uno encuentra algo en una empresa sin tener consentimiento expreso para investigar su seguridad lo reporte a través de los expertos de la Policía o de la Guardia Civil, que pueden comunicarlo cubriendo al hacker”.
El director del CNEC advierte que en esta sociedad tecnologizada, donde desde los contadores de la luz hasta las pruebas médicas están digitalizados, aumenta el perímetro de exposición a riesgos de ciberseguridad de forma infinita, por lo que ya no basta con concienciarse, sino que la población necesita capacitarse y tener una cultura tecnológica básica para minimizar los riesgos y las consecuencias de los ciberataques. Cree que hasta ahora la atención y los recursos se han focalizado en los delitos contra los individuos –como el ciberacoso o el sexting–, y hace falta reforzar los recursos dirigidos a proteger de ataques que afectan a la sociedad en su conjunto.

“En el ataque del viernes 12 hubo un hacker que tuvo la visión y el conocimiento para activar el botón rojo que tenía ese Ransomware; dénsele todas las medallas o títulos de héroe que hagan falta, pero este tipo de protección no es metodológica, no podemos depender de que alguien tenga una visión la próxima vez; necesitamos dotarnos de estructuras de conocimiento colectivo para esta ciberguerra porque el mayor negocio para los próximos años es el delito como servicio; la gente pedirá en la internet profunda un ransomware de ciertas características, otro pondrá sus conocimientos para hacerlo y, automáticamente, a través de monederos de bitcoin, se repartirán las ganancias”, subraya Ávila. “El grueso de los delitos está en la red, y se necesita gente y aportación económica para luchar contra eso y también que las empresas vean su departamento de seguridad como algo muy importante, porque de esa forma estará más segura esa compañía pero también el resto”, coincide Montes.
El abogado Rafael Perales, miembro de Anphacket, reconoce que, hoy por hoy, el mundo de internet es un mundo sin ley porque las regulaciones y actuaciones estatales no alcanzan ante la globalización. Como el director del CNEC, Perales ve la necesidad de que expertos en seguridad informática, juristas, policías y otras fuerzas del Estado pongan en común sus conocimientos para disponer de una mayor y mejor seguridad. “Uno va a ser hackeado tarde o temprano, de modo que ya no se trata sólo de protegerte para dificultar que te entren en el sistema, sino de establecer medidas para minimizar el impacto cuando lo hagan”, dice García.

Algunos nombres glorificados:
Marcus Hutchins

Es el hacker británico de 22 años que, anónimamente, compró un dominio y con ello encontró una primera solución para parar el virus WannaCry, causante del ataque cibernético del pasado día 12. Su acción le otorgó rápidamente el título de héroe en las redes sociales y en los medios de comunicación, sacándole del anonimato en el que trabajaba.
Mathew Hewlett y Caleb Turon
Son los dos jóvenes que, en febrero de 2016, con sólo 14 años, saltaron a los medios de comunicación por haber logrado hackear un cajero automático del Banco de Montreal durante la hora del recreo. Les bastó un manual de instrucciones localizado en Internet y sus conocimientos previos. No se aprovecharon de la situación, sino que avisaron a la entidad financiera para que subsanara el error.
Charlie Miller y Chris Valasek
En 2015 estos dos investigadores informáticos estadounidenses entraron en la electrónica de un Jeep Cherokee y desde su ordenador manipularon el aire acondicionado, mostraron fotos en la pantalla multifunción, encendieron la radio, activaron el limpiaparabrisas y pararon el motor. El propietario, un periodista de Wired, había sido antes prevenido, y el fallo de seguridad se comunicó a Chrysler para que corrigiera los sistemas de conectividad de sus coches.
Sombreros blancos, negros, y muchos grises

Hackers éticos. También llamados de sombrero blanco y, según ellos, los únicos a los que se refiere el término hacker. Son investigadores de seguridad que rompen sistemas para demostrar al cliente o empresa que sus protocolos o su software no son seguros y que notifican a las compañías las vulnerabilidades que encuentran. Suelen trabajar por encargo o a cambio de recompensas.

Ciberdelincuentes. Los llamados hackers de sombrero negro son piratas informáticos y terroristas cibernéticos que violan la seguridad de los dispositivos para provecho personal, para robar datos que luego venden, para espiar y robar secretos comerciales o para crear problemas en infraestructuras significativas y sembrar el caos y el miedo.

Hacktivistas. Usan las mismas técnicas que los hackers pero con una motivación política o religiosa, por venganza, para captar la atención social. Un ejemplo son los ataques de denegación de servicio contra la web de una empresa o colectivo. A veces están patrocinados por los estados para espiar o atacar opositores. Forman parte del amplio espectro de los llamados “hackers de sombrero gris”, a medio camino entre los hackers éticos y los ciberdelincuentes.

Phreaker. Es el hacker de los sistemas telefónicos y tecnologías inalámbricas.

Newbie. Así denominan a los hackers novatos.

Lammer. Se utiliza este término para referirse a quienes presumen de ser hacker sin tener conocimientos para ello.

Script kiddies. Es un término peyorativo dirigido a quienes vulneran la seguridad de los equipos sin tener grandes conocimientos de programación sirviéndose para ello de herramientas desarrolladas por verdaderos hackers..
Fuente: La Vanguardia (mayo 2017)

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En mi pequeño espacio

Estudio, leo, pienso, imagino, sueño… y sé que los sueños, a veces, se hacen realidad. 

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